Todo pasa por algo
También es urgente olvidar la idea de que las cosas pasan por algo. A veces, simplemente suceden: sin misión, sin lección, sin ser esperadas. Sólo pasan, y hieren, o matan, sin razón ni causa, sin milagro, sin nada que proteger. Atraviesan, están ahí, afiladas como navajas, lejanas como nebulosas, inevitables como fines, benditas como inicios. Son muerte, son vida, irremediables, como el instante que no se puede detener.