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La primera cana

 Desperté acalorada en temporada de lluvias y estaba ahí. Un hilo grueso como el cáñamo, corto pero blanquisco. Nada de un "hilo de plata" o cualquier eufemismo que intente ocultar el proceso oxidativo de una cana. Ese primer día de la primera cana consciente fue devastador porque a pesar de querer militar en la rebeldía que se enorgullece de envejecer, se siente aterrador confrontarse con la realidad de una misma, las arrugas, los surcos, las canas que vendrán con las ojeras cansadas.  Pero luego pasó el tiempo. Decidí dejarlo como un asunto menor, prueba de que el estrés ha dejado estragos en mi estética y que con todo y eso, elijo seguirme sintiendo bella. Hoy pude realmente entender mejor esa cana. Reflexionando sobre el último viaje que hice junto a mis amigas más jóvenes, que son veinteañeras adoptando a una de treinta, recordé que hubo un momento en el que ellas decidieron quedarse a jugar en un casino mientras yo fui a recorrer una plazuela para mirar cosas y hacer al...

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