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Quisiera olvidarme de ti

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Quisiera olvidarme de ti Quisiera olvidarme de ti  de tu cara de tus gestos de tus ojos y de tus labios afilados gruesos que adornaron tanto tiempo la frialdad y el silencio Quisiera olvidarme de los restos de la piel de lo enhiesto de lo frágil  de lo inquieto tus manos gruesas que contuvieron todas mis piezas sin desbordarse y en tibieza Quisiera olvidarme de tu risa del impulso de tus chistes de la respuesta  del sonido tu voz siempre dispuesta que con esa calidez era calmante adictivo Quisiera olvidarme de las olas de Ixtapa de Tijuana de Acapulco y de todas las playas que no pudimos conocer tus ojos siempre uniformes con el color del bosque o del mar o de la oscuridad profunda  de nuestro propio anochecer Quisiera simplemente olvidarme dejar de rumiar recuerdos dejar de crear escenarios dejar de anhelar dejar de  dejarte Quisiera dejarte.

Todo pasa por algo

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También es urgente olvidar la idea de que las cosas pasan por algo. A veces, simplemente suceden: sin misión, sin lección, sin ser esperadas. Sólo pasan, y hieren, o matan, sin razón ni causa, sin milagro, sin nada que proteger. Atraviesan, están ahí, afiladas como navajas, lejanas como nebulosas, inevitables como fines, benditas como inicios. Son muerte, son vida, irremediables, como el instante que no se puede detener.

Sobre lo que no se nombra

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El no-lenguaje de los no-amantes                                                                                                                                                                                                                                                                                ...

Te quiero

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Te quiero del verbo  -morder  Te quiero del verbo  -surcir  Del roto corazón  Que se te deshilacha  A pedacitos Te quiero del verbo -morder Te quiero del verbo -surgir  Entre las cenizas  De tu propio olvido de la posibilidad de sentir  Te quiero del verbo  -desear Del anhelo nocturno de tu caricia hecha brisa El despertar de madrugada  De anhelar tus manos Sobre mi espalda  Te quiero  -leer Profundo  De las letras de lo no escrito  Del símbolo que no se descifra  De lo que se siente Sin hablar mientras llovizna Lo que no se nombra  Porque se acota Te quiero del verbo  Conocer  De lo que no muestras Escondido, huraño Te quiero del verbo Descifrar De las miradas y las manos  De los surcos en la frente  Y el misterio de los labios Te quiero 💕 Te quiero del verbo  Amanecer En los tiempos que no transcurren Te quiero del verbo  Llover Del olor a tierra mojada  De caminar ...

El asombro que se escurre entre los dedos

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Cuando era niña quería comerme la vida de un solo bocado. Todo lo quería entender. Me moría por saber los secretos más profundos de cada ser relevante, a mis cortos ojos de niña de 10. Me devoraba los libros. Traducía las canciones del inglés que resonaban en la radio. Las interpretaba en todos los contextos de cada palabra y en una canción se escondían cien mil significados. Mi búsqueda era limitada, solo podía saber aquello que significaba algo según el diccionario; se me escaparon de las manos todos los dichos coloquiales que una extranjera -como buena extraña- no comprende. Para los extranjeros, la literalidad es el principio de incomunicación y la incomunicación, una forma de muerte lenta. Adoré las letras. Me maravillé del juego completamente humano de mezclar cientos de símbolos y sonidos para construir palabras y a ello, dar significados. Construir realidades desde la capacidad de verbalizar. Entendí que los idiomas atienden a los territorios como las cartografías de los sentir...

Hasta antes de que llegue la rabia

Secuestro químico

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Es increíble que la mitad de nuestro comportamiento y emociones son regidas químicamente por la estructura química cerebral y hormonal. La otra mitad, intestinal. Poco espacio le queda al famoso libre albedrío. Nuestro cuerpo indica que las decisiones no son tan libres y la lucha más relevante de varias vidas consiste en identificar la química propia para distinguir si estamos en paz o en éxtasis, si es que nuestro estado químico-hormonal nos ha embriagado de serotonina y queremos dar todos los "sí" solo por un estado temporal o si es que esa rabia fulminante no es más que el simple secuestro amigdalar. Para colmo, a las hormonas y sustancias detonantes de estados emocionales, les influye la temperatura ambiental y la luz solar. Alguien que vive en las playas, los denominados "costeños" tienen más felicidad y jococidad en el cuerpo pues el calor influye en producir serotonina y oxitocina, las hormonas del amor y el placer. Aquellas personas que habitan en lugares ...